
La mañana había sido buena, una bodega, unas compras de vino, y la comida entre amigos había tenido suficiente debate, como para ser interesante. Estábamos en el Bierzo y un sol espléndido no ocultaba un frío que helaba la cara.
En la comida brilló un vino honesto, Viñademoya 2007 de Bodegas Luzdivina, pegado a la tierra, a ese terruño pizarroso y pobre, con un carácter recio y brillante, franco y profundo, de aromas de fruta negra madura y recuerdos minerales, turba y monte bajo. Necesitaba descubrir el carácter de las gentes que labraron con sus manos esa viña, conocer la tierra donde nacían cada año las uvas que iluminaban mi copa con un mensaje tan pleno.
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