Viajes y buena mesa en internet
 

Bierzo eterno

bierzo-eterno

La mañana había sido buena, una bodega, unas compras de vino, y la comida entre amigos había tenido suficiente debate, como para ser interesante. Estábamos en el Bierzo y un sol espléndido no ocultaba un frío que helaba la cara.

En la comida brilló un vino honesto, Viñademoya 2007 de Bodegas Luzdivina, pegado a la tierra, a ese terruño pizarroso y pobre, con un carácter recio y brillante, franco y profundo, de aromas de fruta negra madura y recuerdos minerales, turba y monte bajo. Necesitaba descubrir el carácter de las gentes que labraron con sus manos esa viña, conocer la tierra donde nacían cada año las uvas que iluminaban mi copa con un mensaje tan pleno.

Nos dirigimos a Parandones, una decena de casas ensartadas en el Camino Real a Villafranca. Ni rastro alguno de bodega, tocamos la puerta de la casa que aparecía en la dirección, nadie contesta, silencio, al rato asoma por la puerta Miguel Ángel Amigo, un chico risueño que nos acompaña detrás de la casa, la puerta de un garaje y dentro media docena de tanques de acero inoxidable nos descubren una bodega limpia y discreta.

Miguel Ángel nos cuenta como hacen el vino, como recogen la Mencía a mano de las fincas próximas y miman el mosto. Le gusta el roble francés y está orgulloso de su vino criado en ellas, la Mencía centenaria envejece espléndida en las botas francesas.

Nos acercamos a la finca, desde el mirador de Otero divisamos todo el Bierzo. Las arcillas, los aluviales, las pizarras, los terrenos pobres. Nos azota la cara un viento Atlántico eterno, que mantiene los frutos limpios y sanos todo el año.

Frutos de Mencías prefiloxéricas centenarias, a pie franco, esculturas leñosas retorcidas por el tiempo, como el carácter berciano. Miguel Ángel nos habla con pasión, con ilusión desmedida por un terruño único, por encontrarse en la tierra de sus antepasados, de cultivar la viña, de crecer y ser mejores.

La tarde cae, y el sol comienza a ocultarse, se esconde tras la montaña leonesa, nos despedimos. Mencía, Parandones, Bodegas Luzdivina y Miguel Ángel se pierden en el retrovisor.

Patricia nos pone a Millow, mientras la noche descubre una amistad nueva, una ilusión renovada, unos amigos de siempre y una Mencía plena.

© Roberto García Corona

5 Responses to “Bierzo eterno”

  1. monica Says:

    Cuando quieras quedamos y bebemos juntos uno de esos vinos bercianos, alrededor de una mesa con luz tenua, buena comida y mejor compañia.

  2. Roberto Says:

    Hay ofertas que uno no puede rechazar, nunca.

  3. David L. Says:

    Roberto se muestra a veces como un poeta en prosa. Aún tenemos pendientes algunos proyectos editoriales, lástima que soñar sea más barato que plasmar las cosas en realidad.

  4. Roberto Garcia Corona Says:

    David, no olvides que muchas veces los sueños se cumplen. Un saludo.

  5. Patricia Says:

    Impresionante esa expresividad poética a la par que educativa,me encantaria escribir del viaje algo tan ilustre como lo aprendido con Rober en esa odisea berciana,en cambio,me veo en estos momentos limitada, por lo tanto, solo me queda mencionar lo que siempre admiro de la gente: el saber vivir!! y eso, espero aprenderlo de mi amiga Mónica,necesitada en ser mencionada.

Deja un comentario