Viajes y buena mesa en internet

Fase Visual

 

Sí, lo reconozco, vaya por delante que soy un voyeur. Me gusta mirar, obtengo placer con la contemplación, y si además, soy capaz de ver, mi goce es colosal.

Estremecerme ante la visión de una melancólica puesta de sol desde, el mirador de La Tablía, una de esas tranquilas tardes de septiembre, me apasiona, excita mis sentidos.

El placer de contemplar unas lágrimas densas y cadenciosas deslizándose sobre el fino cristal. Sentarme en mi sillón, junto a la luz, con un libro en una mano y una copa de dulce Pedro Ximénez, en la otra. Mirando ensimismado como fluye denso y armonioso, como desliza majestuoso, sobre las paredes del purísimo cristal, ese vino caoba con destellos brillantes, convierte el cristal en una puesta de sol.

Es a través de nuestros sentidos como nos conmovemos, nos deleitamos, disfrutamos. Si desnudamos la sensación visual transformándola en información esencial, entraremos en contacto con la esencia misma de las cosas.

Buscaremos el color del vino, su tonalidad, y la intensidad del mismo, buscaremos sus lagrimas sobre el cristal, su fluidez y densidad, su limpidez, transparencia y efervescencia.


Los tintos estarán comprendidos entre el negro tinta china y el anaranjado piel de cebolla, y los blancos entre el amarillo pálido y el caoba amarronado, sabremos con ello seguramente su edad, como las arrugas del rostro humano.

Comprobaremos su transparencia, observando su limpieza, la ausencia de turbiedad o sustancias en suspensión, buscaremos la brillantez, encontrando tras de ella una meticulosa elaboración en bodegas limpias, como patenas.

Buscaremos su intensidad, observando cuanto incide la luz sobre él, yendo de una capa alta y profunda, que no conoce la luz, a una ligera y débil, inundada de claridad. Ello nos hablará de la potencia de sus hollejos, y la madurez de sus frutos.

Moviendo el vino circularmente sobre el eje de la copa deslizaremos el vino sobre las paredes de cristal, y observaremos las lágrimas que descienden lentamente, para volver con las demás. Siendo las soluciones alcohólicas tensoactivas, esto nos hablará del volumen de alcohol contenido en el vino, en tiempos remotos se las llamaron El espíritu del vino, lo cierto es que no estaban tan lejos de la verdad.

Finalmente buscaremos la fluidez, la densidad del liquido, como se desliza en la copa, si con la lentitud de una taza de chocolate espeso, o bien, con la ligereza de un té poco reposado. Esto nos hablará de su cuerpo y carnosidad, y por tanto de la importancia del cuidado en el viñedo, la pobreza de sus tierras, y el sol que las castiga.

Como os decía me gusta mirar, que voy hacer, uno es como es.

© Roberto García Corona