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Ribera-Burdeos: tan lejos, tan cerca

Hace unos días el equipo habitual de Gastrónomo Digital  se desplazó, hasta la casa de nuestro colaborador ocasional, Juanpa, con motivo de una invitación que éste nos giró, con el propósito de catar unos cuantos vinos. La disculpa para este encuentro enológico no era, ni más ni menos, que comparar los estilos vinícolas de dos zonas concretas, la Ribera del Duero y Burdeos.
Para ello se eligieron dos vinos representativos de ambas zonas. En el caso de la Ribera se optó por una bodega de la conocida como milla de oro, en la provincia de Valladolid, cerca de Peñafiel, Bodegas Abadía Retuerta, más concretamente el Cuveé Campanario 1998, Tempranillo. La otra bodega elegida fue Hermanos Pérez Pascuas de la zona burgalesa, un Reserva del 1999, Tempranillo con un pequeño aporte de Cabernet Sauvignon.

De Burdeos nos decantamos por alejarnos del Medoc, entendiendo que la tipicidad de la Cabernet Sauvignon era demasiado diferenciadora, y apostamos por Cabernet Franc y Merlot como variedades dominantes, Petit Cheval Blanc del 2000 de la zona de Saint Emilion y un Chateau Haut Bailly del 1999 de Pessac-Leognan.

Se cató a ciegas, conocíamos las bodegas, pero las copas estaban servidas al llegar, lo que motivó de inmediato que jugáramos a descubrir las zonas, y variedades. Lo primero que debo decir es que el parecido en cuanto a elaboración fue evidente, el estilo de los vinos, marcaban patrones similares, por no decir iguales.

El primer vino en ser desenmascarado fue el Chateau Haut Bailly que marcó claramente los aromas de crianza de la cabernet sauvignon, cedro, pimienta, tabaco, y ese toque vegetal de innegable tipicidad que posee esta variedad, ahogando a la Merlot, compañera de coupage, amplio con boca carnosa y largo postgusto, seductor y potente.

El siguiente en ser detectado fue el Cuveé Campanario, que estaba un tanto dormido, en una fase muy cerrada, de la que le costó salir, aromas terciarios con rastros de reducción, algo de cuero mojado, especias, canela, y ligeros toques florales, no estaba en su mejor momento.

Los otros dos vinos fueron los que dieron más juego a los catadores, el Viña Pedrosa se mostró con mucho cuerpo, maderas nobles y una crianza en botella que favorecía los aromas de reducción, muy limpio en nariz, quizás le faltaba fruta, con unos ligeros toques de fruta roja en compota, y balsámicos elegantes.

El triunfador de la noche fue el Petit Cheval Blanc 2000, con un enorme poder frutal, fruta negra pequeña, frambuesas, arándanos, balsámicos, mentolados, un toque mineral, monte bajo, hongos, champiñón, y una boca amplia y sugerente. Personalmente me sorprendió el carácter frutal de esta Cabernet Franc.

También suscitó un alegre debate la diferencia de precios de los vinos, estando el Reserva de Pedrosa en torno a los 30 euros, y el Petit Cheval Blanc sobre los 150 euros, una diferencia que no fue tan amplia en la mesa de cata. Al final, el Duero y el Garona no están tan lejos, salvo en el precio.

© Roberto García Corona

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